Por Psic. Alejandro Silva
La salud mental es una parte crucial de nuestro bienestar general y un aspecto importante de nuestra calidad de vida. Sin embargo, a menudo se pasa por alto o se minimiza en comparación con la atención médica tradicional.
Esto sucede por el estigma que aún pesa sobre la atención psicológica o por el desconocimiento de qué síntomas pueden indicar que necesitamos atender nuestras emociones.
La salud mental es tan importante como la salud física y puede afectar nuestro bienestar físico y emocional de diversas maneras.
La salud mental incluye nuestra capacidad para gestionar nuestras emociones, pensamientos y comportamientos de manera efectiva. También se refiere a nuestra habilidad para enfrentar los desafíos de la vida, mantener relaciones saludables y alcanzar nuestras metas.
Cuando tenemos una buena salud mental, nos sentimos equilibrados, felices y en paz con nosotros mismos y con los demás. Sin embargo, cuando nuestra salud mental se ve afectada, podemos experimentar una serie de síntomas y dificultades que pueden afectar nuestro bienestar y nuestras relaciones.
Si bien todos experimentamos altibajos emocionales y desafíos en la vida, algunas personas pueden necesitar ayuda adicional para manejar estos desafíos y mantener una buena salud mental.
Si sientes que estás atravesando una situación difícil y no sabes cómo manejarla, es posible que necesites ir a terapia.
Pero, ¿cómo sabes si es el momento adecuado para buscar ayuda? Aquí te presentamos un checklist de síntomas o observaciones que puedes responder para saber si necesitas ir a terapia:
- Deseas conocerte mejor y entender cómo funcionas emocional y mentalmente. Al tener mayor conciencia de tu funcionamiento interno, estarás en mejores condiciones de manejar tus emociones frente a los conflictos que la vida te vaya presentando.
- Estás experimentando cambios significativos en tu estado de ánimo que no puedes controlar o que te causan un malestar significativo.
- Por ejemplo, si te sientes triste, irritable o ansioso de manera constante, o si experimentas cambios bruscos en tu estado de ánimo sin una razón aparente.
- Estás teniendo dificultades para realizar tus actividades diarias o para llevar a cabo tus responsabilidades.
- Por ejemplo, si te cuesta levantarte por las mañanas, si te resulta difícil concentrarte o si tienes problemas para cumplir con tus compromisos laborales o personales.
- Estás experimentando cambios significativos en tu apetito o en tu peso.
- Por ejemplo, si te sientes sin ganas de comer o si has perdido o ganado peso de manera significativa sin una razón aparente.
- Estás teniendo dificultades para dormir o estás experimentando cambios en tu ciclo de sueño.
- Por ejemplo, si duermes de más o si al contrario presentas insomnio al tratar de dormir o a mitad de la noche.
- Estás sintiendo dificultad para disfrutar actividades que antes te provocaban gusto o placer.
- Por ejemplo, haz dejado tus hobbies de lado porque ahora te provocan pesar, o sientes que actividades como el gimnasio o socializar (si antes lo disfrutabas) las realizas por “obligación” más que por gusto.
- Estás teniendo dificultad para procesar eventos difíciles como pérdidas de personas, rompimiento de relaciones u otros eventos traumáticos como violencia en la pareja, historial de abuso sexual, etc.
- Por ejemplo, si experimentas pensamientos o emociones persistentes y negativas que se relacionan con dichos recuerdos o vivencias.
En resumen, si una persona está experimentando síntomas emocionales o mentales que afectan su capacidad para disfrutar de la vida y tener relaciones saludables, puede ser una buena idea considerar la posibilidad de asistir a terapia psicológica.